V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, al Hijo y al Espiritu Santo
Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
I
Lo ha tocado el Señor;
miren palma con palma,
manos de dos amigos
en una cruz clavadas.
I
Lo ha tocado el Señor;
miren palma con palma,
manos de dos amigos
en una cruz clavadas.
Hermano de los hombres
y aun de las bestias bravas,
hermano de Jesús
que en sí todo lo hermana.
¡Oh cuánto el corazón
contempla, gime y ama!
iCuán alto en la montaña,
cuán cerca en la llanada!
La norma, el Evangelio;
su vida, las pisadas
de aquel Jesús que quiso
pisar donde mi planta.
Francisco, el de las calles
por él enamoradas...,
Francisco, a quien el mundo
hoy alza su esperanza.
¡Loado, mi Señor,
por tan cercana gracia:
por el humilde hermano
marcado con tus llagas! Amén.
O bien:
II
Por esas cinco roturas
mostráis el brocado fino,
que tejió con penas duras
Cristo en su cuerpo divino;
con que el mundo a decir vino,
pues que tal ropa traéis,
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.
Con que más claro mostráis
que andáis muy enamorado;
pues la librea lleváis
que es propia de nuestro Amado;
y estáis en él transformado,
tanto, que decir podéis
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.
Rompieron la ropa a Dios
unos hombres inhumanos;
mas, Francisco, Dios a vos
os la rompió con sus manos:
Francisco, ¿qué más queréis?
Que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis.
Por tan singular merced
por todos a Dios rogad,
a todos favoreced,
a todo el mundo ayudad,
que con gran facilidad,
Francisco, hacerlo podéis,
que Dios se parece a vos
y vos a Dios parecéis. Amén.
Ant. 1. De muchas maneras manifestó Dios en el bienaventurado Francisco el misterio de la cruz.
Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que no se retracta de lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que procede así
nunca vacilará.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. De muchas maneras manifestó Dios en el bienaventurado Francisco el misterio de la cruz.
Ant. 2. Nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.
Dichoso quien teme al Señor
y ama de corazón sus mandatos.
Su linaje será poderoso en la tierra,
la descendencia del justo será bendita.
En su casa habrá riquezas y abundancia,
su caridad es constante, sin falta.
En las tinieblas brilla como una luz
el que es justo, clemente y compasivo.
Dichoso el que se apiada y presta,
y administra rectamente sus asuntos.
El justo jamás vacilará,
su recuerdo será perpetuo.
No temerá las malas noticias,
su corazón está firme en el Señor.
Su ánimo está seguro y no temerá,
hasta ver derrotados a sus enemigos.
Reparte limosna a los pobres,
su caridad es constante, sin falta
y alzará la frente con dignidad.
El malvado, al verlo, se irritará,
rechinará los dientes hasta consumirse.
La ambición del malvado fracasará.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Nunca entre ustedes me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste, crucificado.
Ant. 3. Sufrió la muerte en su cuerpo, pero recibió vida por el Espíritu.
Grandes y admirables son tus obras,
Señor, Dios omnipotente,
justos y verdaderos tus caminos,
¡Rey de los siglos!
¿Quién no temerá, Señor,
y glorificará tu nombre?
Porque tú sólo eres santo,
porque vendrán todas las naciones
y se postrarán ante ti,
porque tus juicios se hicieron manifiestos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Sufrió la muerte en su cuerpo, pero recibió vida por el Espíritu.
Lectura breve
Ga 6, 14. 17–18
Dios me libre de gloriarme, si no es de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. En adelante no quiero que nadie me cause más dificultades, ya llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.
Dios me libre de gloriarme, si no es de la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. En adelante no quiero que nadie me cause más dificultades, ya llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. Hermanos, la gracia de nuestro Señor Jesucristo permanezca con ustedes. Amén.
Responsorio breve
R. Has sellado, Señor Jesucristo, * A tu siervo Francisco. Has sellado.
V. Con el emblema de nuestra redención. * A tu siervo Francisco. Gloria al Padre. Has sellado.
Cántico evangélico
Ant. He muerto para el mundo, y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también nosotros apareceremos juntamente con él, en gloria.
Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la pequeñez de su servidora.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia
– como lo había prometido a nuestros padres –
en favor de Abraham y su descendencia para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. He muerto para el mundo, y mi vida está, con Cristo, escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también nosotros apareceremos juntamente con él, en gloria.
Preces
Invoquemos, hermanos, a Dios Padre, fuente de toda santidad que, por la intercesión y ejemplo de nuestro Padre San Francisco, nos guía por el camino de la santidad, y digámosle:
Escúchanos, Señor.
Padre santo, que hiciste a tu siervo Francisco imitador perfecto de tu Hijo,
–haz que nosotros siguiendo sus huellas, observemos fielmente el Evangelio de Cristo.
Padre de bondad, guía nuestros pasos por el camino de la paz siguiendo el ejemplo de nuestro Padre San Francisco,
–para que, con sincero corazón, vivamos en obediencia, sin propio y en castidad.
Padre altísimo y omnipotente, que dispersas a los soberbios de corazón y enalteces a los humildes,
–concédenos imitar a nuestro seráfico Padre en la virtud de la humildad.
Padre de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo a tu siervo Francisco,
–concédenos gloriarnos siempre de la cruz de Cristo.
Antes de la petición por los difuntos pueden añadirse intenciones particulares que concluyen con la respuesta propuesta más arriba.
Padre indulgente, que por las súplicas de nuestro Padre San Francisco otorgaste el perdón a los pecadores,
–muestra tu rostro a nuestros hermanos difuntos.
Oración dominical
V. Digamos juntos la oración que Cristo nos enseñó como modelo de toda oración:
Padre nuestro...Oración
Dios de amor y misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
Conclusión
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.