Vísperas

V.    Dios mío, ven en mi auxilio
R.   Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
   Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

HIMNO 

Al caer de la tarde silenciosa, 
cuando todo era calma en el ambiente,  
una luz se encendía diligente 
en oración humilde y amorosa. 

Eras tú, Clara, corazón amante, 
que velabas al Dios sacramentado,  
pidiendo por el mundo atormentado, 
de tanto desamor desconcertante. 

Plegaria y sacrificio así juntabas 
con alegre talante contagioso, 
que arrastraba tras sí, por amoroso,  
a las flores vivientes que cuidabas. 

Y así, cuando por fin llamó el Esposo 
a tu puerta, radiante de alegría 
a su encuentro saliste en este día 
con aceite abundante y luminoso. 

En el coro de vírgenes prudentes,  
alabas al Señor tres veces santo;  
nosotros nos unimos a tu canto 
y a tu gozo seráfico y ferviente. Amén. 

Ant. 1 El mundo se llenó del resplandor de Clara: de su santidad brotaron vigorosos retoños. 
                                                     Salmo 112 
Alaben, siervos del Señor, 
alaben el nombre del Señor. 
Bendito sea el nombre del Señor, 
ahora y por siempre: 
de la salida del sol hasta su ocaso, 
alabado sea el nombre del Señor. 

El Señor se eleva sobre todos los pueblos, 

su gloria sobre los cielos. 
¿Quién como el Señor, Dios nuestro. 
que se eleva en su trono 
y se abaja para mirar 
al cielo y a la tierra? 

Levanta del polvo al desvalido, 

alza de la basura al pobre, 
para sentarlo con los príncipes, 
los príncipes de su pueblo; 
a la estéril le da un puesto en la casa, 
como madre feliz de hijos. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. El mundo se llenó del resplandor de Clara: de su santidad brotaron vigorosos retoños. 

Ant. 2. Para ganar a Cristo, desdeñó la efímera gloria mundana, poniendo su confianza en el Señor, su Dios. 

                                                           Salmo 145 
Alaba, alma mía, al Señor: 
alabaré al Señor mientras viva, 
tañeré para mi Dios mientras exista. 

No confien en los príncipes, 

seres de polvo que no pueden salvar; 
exhalan el espíritu y vuelven al polvo,  
ese día perecen sus planes. 

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,  
el que espera en el Señor, su Dios, 
que hizo el cielo y la tierra, 
el mar y cuanto hay en él; 

que mantiene su fidelidad perpetuamente,  

que hace justicia a los oprimidos, 
que da pan a los hambrientos. 

El Señor liberta a los cautivos, 

el Señor abre los ojos al ciego, 
el Señor endereza a los que ya se doblan,  
el Señor ama a los justos. 

El Señor guarda a los peregrinos, 

sustenta al huérfano y a la viuda 
y trastorna el camino de los malvados. 

El Señor reina eternamente, 

tu Dios, Sión, de edad en edad. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Para ganar a Cristo, desdeñó la efímera gloria mundana, poniendo su confianza en el Señor, su Dios. 

Ant. 3. Transportada de gozo, la virgen Clara conoció maravillosamente las múltiples formas de la sabiduría de Cristo. 

Bendito sea Dios, 
Padre de nuestro Señor Jesucristo, 
que nos ha bendecido en la persona de Cristo  
con toda clase de bienes espirituáles y celestiales. 

Él nos eligió en la persona de Cristo, 

antes de crear el mundo; 
para que fuésemos santos 
e irreprochables ante él por el amor. 

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, 

por pura iniciativa suya, 
a ser sus hijos, 
para que la gloria de su gracia, 
que tan generosamente nos ha concedido 
en su querido Hijo, 
redunde en alabanza suya. 

Por este Hijo, por su sangre, 

hemos recibido la redención, 
el perdón de los pecados. 
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia 
ha sido un derroche para con nosotros, 
dándonos a conocer el misterio de su voluntad. 

Éste es el plan 

que había proyectado realizar por Cristo 
cuando llegase el momento culminante: 
recapitular en Cristo todas las cosas 
del cielo y de la tierra. 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Transportada de gozo, la virgen Clara conoció maravillosamente las 
múltiples formas de la sabiduría de Cristo. 

Lectura breve

                                                Ct 6, 3; 8, 6–7 
Yo soy de mi amado y mi amado es mío, el pastor de azucenas. Grábame como un sello en tu brazo, como un sello en tu corazón, porque es fuerte el amor como la muerte, es centella de fuego, llamarada divina; las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los rios. 

Responsorio breve

R. La llevaron al aposento real. * El Rey ciñó su cabeza con la diadema. La llevaron. 
V. Con la corona de santidad, gloria y honor. * El Rey. Gloria al Padre. La llevaron. 

Cántico evangélico 

Ant. Dios te salve, esposa de Cristo, virgen consagrada, dechado de religiosas: Clara, guíanos al reino de los cielos. 

Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la pequeñez de su servidora.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia
– como lo había prometido a nuestros padres –
en favor de Abraham y su descendencia para siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Dios te salve, esposa de Cristo, virgen consagrada, dechado de religiosas: Clara, guíanos al reino de los cielos. 

Preces 
Alabemos con gozo a Cristo, esposo y cordero inmaculado, al que siguen las vírgenes dondequiera que va, y supliquémosle diciendo: 
      
Jesús, rey de las vírgenes, escúchanos. 

Oh Cristo, que elogiaste a los que permanecen vírgenes por el reino de los 
cielos, 
–danos que entendamos tus palabras y te sirvamos con mente pura y cuerpo casto. 

Tú que ofreciste al Padre el sacrificio de la cruz para salvación nuestra, 
–haz que, crucificando nuestro cuerpo con los vicios y concupiscencias, completemos en nosotros lo que falta a tu pasión. 

Señor Jesucristo, a quien la Iglesia virgen guardó fidelidad intacta, 
–concede a todos los cristianos la integridad y la pureza de la fe. 

Tú que nos concedes hoy alegrarnos en la festividad de Santa Clara virgen, 
–concédenos también gozar siempre de su valiosa intercesión. 

Antes de la petición por los difuntos pueden añadirse intenciones particulares que concluyen con la respuesta propuesta más arriba.

Tú que recibiste en el banquete de tus bodas a las vírgenes santas, 
–admite benigno a nuestros hermanos y hermanas franciscanos en el convite festivo de tu reino. 

Oración dominical
V. Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro, que estás en el cielo,...
 
Oración
Oh Dios, que infundiste en Santa Clara un profundo amor a la pobreza evangélica, concédenos, por su intercesión, que, siguiendo a Cristo pobre, merezcamos llegar a contemplarte en tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén 

Conclusión
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.