V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo
como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
HIMNO
Entre la tierra y el cielo,
una escalerilla blanca;
para sostenerla firme,
ángeles suben y bajan.
una escalerilla blanca;
para sostenerla firme,
ángeles suben y bajan.
Y fijando nuestro ascenso,
arriba, tú, Estrella y Ancla.
Nuestro Padre San Francisco
anima nuestra escalada.
Virgen de la vida pura,
alívianos de la carga
alcanzándonos de Dios
el perdón de nuestras faltas.
Madre de los pecadores,
alienta con tu mirada
nuestros pasos vacilantes
hacia Dios, en la esperanza.
Madre–Virgen de Jesús,
Virgen–Madre de las almas,
pues somos hermanos
suyos llévanos a su morada.
Y serás tú bendecida,
y la Trinidad muy Santa –el Padre, el Hijo, el Espíritu–
por siempre glorificada. Amén.
Ant. 1. Presten oído y vengan a mí; escúchenme y vivirán.
Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor».
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
«Vamos a la casa del Señor».
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor.
En ella están los tribunales de justicia
en el palacio de David.
en el palacio de David.
Deseen la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».
Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz esté contigo».
Por la casa del Señor nuestro Dios,
te deseo todo bien.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1. Presten oído y vengan a mí; escuchenme y vivirán.
Ant. 2. El Señor no nos abandonó, nos dio ánimos para levantar su casa.
Si el Señor no construye la casa,
en vano se cansan los albañiles;
si el Señor no guarda la ciudad,
en vano vigilan los centinelas.
Es inútil que madruguen,
que velen hasta muy tarde,
que coman el pan de sus sudores:
¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen!
La herencia que da el Señor son los hijos;
el fruto de las entrañas es una recompensa:
como flechas en mano de un guerrero
son los hijos de la juventud;
dichoso el hombre que llena
con ellas su aljaba:
no quedará derrotado cuando litigue
con su adversario en la plaza.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2. El Señor no nos abandonó, nos dio ánimos para levantar su casa.
Ant. 3. El Dios de Israel conducirá tus hijos hacia ti con gozo, a la luz de su presencia, con misericordia y justicia.
Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.
Él nos eligió en la persona de Cristo
antes de crear el mundo,
para que fuésemos santos e irreprochables
ante él por el amor.
Él nos ha destinado
en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.
Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer
el misterio de su voluntad.
Este es el plan que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
recapitular en Cristo todas las cosas
las del cielo y las de la tierra.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 3. El Dios de Israel conducirá tus hijos hacia ti con gozo, a la luz de su presencia, con misericordia y justicia.
Lectura breve
Jdt 13, 31
Bendita seas en todas las tierras de Judá y en todas las naciones. Cuando oigan tu nombre, quedarán asombrados.
Responsorio breve
R. Eres, hija * Bendecida por el Señor. Eres, hija....
V. Pues por tu medio hemos compartido el fruto de la vida. * Bendecida... Gloria al Padre. Eres, hija...
Cántico evangélico
Ant. Bienaventurada Virgen María, tú que eres venero de perdón, madre de la gracia, escúchanos a tus hijos, que proferimos hoy nuestras súplicas en tu acatamiento.
Proclama mi alma
la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la pequeñez de su servidora.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su servidor,
acordándose de su misericordia
– como lo había prometido a nuestros padres –
en favor de Abraham y su descendencia para siempre.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Bienaventurada Virgen María, tú que eres venero de perdón, madre de la gracia, escúchanos a tus hijos, que proferimos hoy nuestras súplicas en tu acatamiento.
Preces
Proclamemos las grandezas de Dios Padre todopoderoso que quiso que todas las generaciones felicitaran a María, la madre de su Hijo, y supliquémosle diciendo:
Mira a la llena de gracia y escúchanos
Oh Dios, admirable siempre en tus obras, que has querido que la Inmaculada Virgen María participara en cuerpo y alma de la gloria de Jesucristo,
–haz que todos tus hijos deseen y caminen hacia esta misma gloria.
Tú que nos diste a María por madre, concede, por su mediación, salud a los enfermos, consuelo a los tristes, perdón a los pecadores,
–y a todos abundancia de salud y de paz.
Tú que hiciste de María la llena de gracia,
–concede la abundancia de tu gracia a todos los hombres.
Haz, Señor, que tu Iglesia tenga un solo corazón y una sola alma por el amor,
–y que todos los fieles perseveren unánimes en la oración con María, la madre de Jesús.
Antes de la petición por los difuntos pueden añadirse intenciones particulares que concluyen con la respuesta propuesta más arriba.
Tú que coronaste a María como reina del cielo,
–haz que los difuntos puedan alcanzar con todos los Santos la felicidad de tu reino.
Oración dominical
V. Según el mandato del Señor, digamos confiadamente: Padre nuestro...
Oración
Concédenos, Señor, por intercesión de la Virgen, Reina de los ángeles, cuya gloriosa fiesta celebramos hoy, que participemos como ella de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén
Conclusión
V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.