Mi alma canta el triunfo de Aquel que quiero
que lo canten los hombres del mundo entero
que se escapen mis versos por los potreros
celebrando el amor del Dios verdadero.
Este es el triunfo grande del Dios viviente,
que prefiere el humilde al prepotente (2).
Porque puso sus ojos sobre su esclava
prefirió a los pobres de forma clara
y con mi pequeñez hizo grandes cosas
por siglos y siglos me dirán dichosa.
Porque volteó del trono al potentado
colocó en su cetro al olvidado.
Hizo pasar vergüenza al engreído
y sentó en su mesa al desposeído.
Porque Dios a los ricos dejó sin nada
y con el pobre se hizo pura gauchada.
Así Dios prometió y nunca miente
al abuelo Abraham y descendientes.