Por la vida consagrada

I.

Jesús que sientes compasión al ver la multitud que está como oveja sin pastor, 
suscita en nuestra Iglesia una nueva primavera de vocaciones. 
Te pedimos que envíes:
Sacerdotes, según tu corazón que nos alimenten 
con el Pan de tu Palabra y en la mesa de tu cuerpo y de tu sangre.
Consagrados, que por su santidad, sean testigos de Tu reino.
Laicos, que en medio del mundo, den testimonio de Tí con su vida y su palabra.
Buen Pastor, fortalece a los que elegiste; 
y ayúdalos a crecer en amor y santidad
para que respondan plenamente a tu llamado. 
María, Madre de las vocaciones, ruega por nosotras. Amén.


II.

Te bendecimos Padre, Señor del cielo y de la tierra, 
porque nos has llamado a la vida consagrada
desde donde sale el sol hasta el ocaso.
Nuestra bendición llega hasta vos,
por tu hijo amado, Jesucristo nuestro Maestro.
Que Él nos enseñe a ser presencia viva,
de su modo de existir y actuar
para que el amor se haga profecía y ternura,
que engendran vida nueva.
Gracias Dios Padre-Madre
porque el Espíritu Santo sembró
y hace crecer cada día en nosotros
la pasión por la humanidad.
Señor nuestro Dios,
regálanos la gracia de trabajar intensamente
por la justicia y por la paz;
en unión con los hombres
y las mujeres de esta tierra.
Como a María,
transfórmanos en testigos de un mundo nuevo
y por su intercesión,
danos audacia y lucidez.
Te lo pedimos,
por Jesucristo nuestro Señor. Amén.