Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos los peligros, oh, Virgen gloriosa y bendita. Amén.
San José, Patrono de toda la Iglesia, ruega por nosotros.
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra las perversidades y asechanzas del demonio; reprímale, Dios, te pedimos suplicantes, y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén.
Corazón Sacratísimo de Jesús: ten misericordia de nosotros.