Invitatorio
Ant.Vengan y Adoremos al Señor, Rey de los mártires.
HIMNO
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires santos.
Rosales en flor
de Cristo el olor,
mártires santos.
Palabras en luz
de Cristo Jesús,
mártires santos.
Corona inmortal
del Cristo total,
mártires santos. Amén.
Ant.1. Los justos viven eternamente y han recibido de Dios su recompensa.
Salmo 2
Oficio de la Pasión de San Francisco
-Señor Dios de mi salvación,
de día y de noche grito ante ti.
-Llegue hasta ti mi oración;
acerca tu oído a mi plegaria.
-Mira por mi alma y líbrala,
líbrame de mis enemigos.
-Porque fuiste tú quien me sacó del vientre,
mi esperanza desde el pecho de mi madre;
desde el seno materno fui lanzado a ti.
-Desde el vientre materno tú eres mi Dios;
no te alejes de mí.
-Tú conoces mi afrenta y mi confusión
y mi sonrojo.
-A tu vista están todos los que me acosan;
afrenta y miseria esperó mi corazón.
-Y esperé a quien me compadeciera, y no hubo nadie,
y a quien me consolara, y no lo encontré.
-Los inicuos, ¡oh Dios!, se alzaron contra mí,
y la sinagoga de los poderosos buscaron mi vida,
y no te tuvieron presente.
-Me cuentan con los que bajan a la fosa;
estoy como un hombre sin vigor,
libre entre los muertos.
-Tú eres mi Padre santísimo,
Rey mío y Dios mío.
-Ven en mi auxilio,
Señor Dios de mi salvación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Los justos viven eternamente y han recibido de Dios su recompensa.
V.: Me asaltaban angustias y aprietos
R.: Tus mandatos son mi delicia.
Lectura
De la homilía de Juan Pablo II en la misa de beatificación (Viena, 21-VI-1998)
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 3-VII-98.]
La Hna. Restituta Kafka no había alcanzado aún la mayoría de edad cuando expresó su intención de entrar al convento. Sus padres se opusieron, pero la joven permaneció fiel a su objetivo de ser religiosa «por amor a Dios y a los hombres». Quería servir al Señor especialmente en los pobres y los enfermos. Ingresó en la congregación de las religiosas Franciscanas de la Caridad Cristiana para seguir su vocación en el servicio diario del hospital, a menudo duro y monótono. Auténtica enfermera, en Mödling se convirtió pronto en una institución. Su competencia como enfermera, su eficacia y su cordialidad hicieron que muchos la llamaran Hna. Resoluta y no Hna. Restituta.
Por su valor y su entereza no quiso callar ni siquiera frente al régimen nacionalsocialista. Desafiando las prohibiciones de la autoridad política, sor Restituta colgó crucifijos en todas las habitaciones del hospital. El miércoles de Ceniza de 1942 fue detenida por la Gestapo. En la cárcel comenzó para ella un calvario, que duró más de un año y que concluyó en el patíbulo. Sus últimas palabras fueron: «He vivido por Cristo; quiero morir por Cristo».
Contemplando a la beata Hna. Restituta, podemos vislumbrar a qué cimas de madurez interior puede ser conducida una persona por Dios. Puso en peligro su vida con su testimonio del Crucifijo. Y conservó en su corazón el Crucifijo, dando un nuevo testimonio de él poco antes de ser llevada a la ejecución capital, cuando pidió al capellán de la cárcel que le hiciera «el signo de la cruz sobre la frente».
Muchas cosas nos pueden quitar a los cristianos. Pero la cruz como signo de salvación no nos la dejaremos arrebatar. No permitiremos que sea desterrada de la vida pública. Escucharemos la voz de la conciencia, que dice: «Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29).
O bien:
Del discurso de Juan Pablo II a las Franciscanas de la Caridad Cristiana y al «Comité de la Hermana Restituta» (Roma, 28-X-1999)
[L'Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 5-XI-99]
Mi pensamiento vuelve a la plaza de los Héroes de Viena, donde el 21 de junio de 1998 tuve la dicha de elevar al honor de los altares a la religiosa franciscana Restituta Kafka. Comparto la alegría que los embarga a ustedes, y a numerosos fieles, al poder venerar como mártir a esta religiosa, que muchos de ustedes consideran como una «hermana mayor». Al mismo tiempo, sigue vivo el perenne mensaje que, en un período oscuro de nuestro tiempo, esta espléndida testigo de la fe nos dirigió a los que nos encontramos en el umbral del tercer milenio. Gracias a la beata Restituta podemos conocer hasta qué cumbres de madurez interior puede ser guiado el hombre, si se pone en las manos de Dios.
El camino de su vida terrena fue una especie de subida al Calvario, a lo largo de la cual la beata tuvo una visión que le permitió contemplar de un modo diferente su ser y su obra, y fortaleció tan profundamente en ella la esperanza en la vida eterna, que le hizo decir ante la muerte: «He vivido por Cristo, y por Cristo deseo morir». Por este motivo, su confesor definió acertadamente su vía crucis como una «universidad para la conducta de las almas», que ella superó brillantemente.
Lo primero que aprendió la hermana Restituta fue el significado de la humildad. Entró joven en el convento «por amor a Dios y a los hombres». Durante decenios sirvió a Dios en los enfermos, a quienes dedicó incansablemente sus múltiples cualidades y su competencia. Cuando hablaba del cielo, lo hacía, en el verdadero sentido de la expresión, con los pies en la tierra. Al final de su vida terrena, con la gracia de Dios fue profundizando cada vez más en la humildad, hasta prepararse para la entrega completa. La religiosa que, como enfermera, se había inclinado sobre sus pacientes, inclinó finalmente su cabeza para profesar su fe en el Crucificado.
En la «universidad para la conducta de las almas», la hermana Restituta aprendió también la virtud de la docilidad. Tenía un carácter fuerte, era directa y abierta, llena de solicitud materna y dispuesta siempre a ayudar, alegre y, a veces, poco convencional. Una vez fue definida un «diamante bruto» a causa de su temperamento, pero se dejó pulir por Dios, y así llegó a ser un diamante precioso. Manifestó gran atención y sensibilidad hacia las hondas aflicciones del alma de sus hermanas y de sus pacientes. Por eso, no sorprende que considerara el tiempo pasado en la cárcel como un don para aprender mejor la docilidad y la paciencia, y «poder contribuir mucho a la cura de almas».
Por último, también maduró plenamente el aspecto del carácter de la hermana Restituta que más la distinguía: la valentía. Para esta religiosa, a menudo llamada hermana «Resoluta» a causa de su firme manera de actuar, la cárcel se convirtió en una especie de lugar de gracia para honrar el nombre que había recibido en su consagración: Restituta, la que fue restituida por Dios. En efecto, contemplando la fuerza redentora de la cruz, creció cada vez más en su alma la certeza de que, aunque el hombre exterior debe morir, el hombre interior no muere. De este modo, su valentía se afianzó tanto, que pudo decir con san Pablo: «Como desconocidos, aunque bien conocidos; como quienes están a la muerte, pero vivos; como castigados, aunque no condenados a muerte; como tristes, pero siempre alegres» (2 Cor 6,9-10).
Queridos hermanos y hermanas, que la beata hermana Restituta sea para ustedes un modelo de vida. Conquistó la grandeza con la humildad, se distinguió por su docilidad, y no perdió su valor ni siquiera cuando su fidelidad a la cruz le costó la vida.
En los momentos de dificultad presentaba sus preocupaciones a la Madre Dolorosa, a quien estuvo íntimamente unida durante toda su vida. Que la Madre Dolorosa sea también para ustedes fiel compañera en toda prueba y fuente de consuelo y confianza para su testimonio diario de fe. Con este deseo, les imparto de corazón la bendición apostólica.
Himno final
Alabanzas que se han de decir a todas las horas
San Francisco
Santo, santo, santo Señor Dios omnipotente,
el que es, y el que era, y el que ha de venir:
y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir
la alabanza, la gloria, el honor y la bendición:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Digno es el cordero que ha sido degollado
de recibir el poderío, y la divinidad,
y la sabiduría, y la fuerza; y el honor,
y la gloria, y la bendición:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Bendigamos al Padre y al Hijo con el Espíritu Santo:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Bendigan al Señor todas las obras del Señor:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Alaben a nuestro Dios todos sus siervos
y los que temen a Dios, pequeños y grandes:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Alaben al que es glorioso los cielos y la tierra.
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos
Y todas las criaturas del cielo y de la tierra,
y las que están bajo la tierra y el mar,
y todo lo que hay en él:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo:
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Como era en el principio y ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.
Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos.
Oración
Misericordioso Dios, te damos gracias porque nos regalaste en la Beata y Mártir Hna. Restituta, una mujer fuerte e incansable en palabras y obras de amor; hizo visible a Cristo sanador en los débiles y perseguidos; defendió la fe y la dignidad humana, permítenos por su intercesión reconocer con rectitud y sin miedo que en la cruz está la salvación, la vida y la esperanza, te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.
Conclusión
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.