18. Como pobres, los hermanos y las hermanas a quienes el Señor ha dado la gracia de servir o de trabajar, sirvan y trabajen fiel y devotamente, de tal manera que, excluida la ociosidad, enemiga del alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, a cuyo servicio deben estar las demás cosas temporales[i].
19. Y, como remuneración por el trabajo, reciban para sí y
para sus hermanos y hermanas las cosas necesarias al cuerpo, y esto
humildemente, como conviene a los siervos de Dios y seguidores de la santísima
pobreza[ii].
Y empéñense en distribuir a los pobres todo lo que quede[iii].
Y nunca deben desear estar sobre los otros, sino, más bien, deben ser siervos y
estar sujetos a toda humana criatura por Dios[iv].
20. Los hermanos y las hermanas sean apacibles, pacíficos y
modestos, mansos y humildes, hablando a todos decorosamente, como conviene. Y,
dondequiera que estén o vayan por el mundo, no litiguen ni contiendan de
palabra, ni juzguen a los otros, sino muéstrense gozosos en el Señor y alegres
y convenientemente graciosos. Y digan este saludo: "El Señor te dé la
paz"[v].
[i] 2
R 5,1-2: "Aquellos hermanos a quienes ha dado el Señor la gracia del
trabajo, trabajen fiel y devotamente, de forma tal que, evitando el ocio, que
es enemigo del alma, no apaguen el espíritu (1 Tes 5,19) de la santa oración y
devoción, a cuyo servicio deben estar las demás cosas temporales".- RCl
7,1-2: "Las hermanas, a quienes el Señor ha dado la gracia de trabajar,
después de la hora de tercia trabajen fiel y devotamente en un trabajo honesto
y de utilidad común, de tal manera que, evitando el ocio, que es enemigo del
alma, no apaguen el espíritu de la santa oración y devoción, a cuyo servicio
deben estar las demás cosas temporales".