Nuestro carisma: vivir la devoción, dar esperanza



Nosotras, las Hermanas Franciscanas, seguimos la llamada de Jesús, inspiradas por San Francisco y Santa Clara de Asís. En su espíritu, nos relacionamos con las personas con dedicación, para que el amor de Dios se haga sentir en el mundo.

El encuentro con el Crucificado en San Damián, el abrazo de los marginados (cf. Test. 1) y la relación fraterna con toda la creación fueron experiencias decisivas para Francisco. 




También para nosotras son fuente y misión: con la gracia de Dios, vivimos una vida sencilla, alegre y empática, en la atención a las personas y en el trato cuidadoso de la creación.
Nuestro servicio está especialmente dirigido a enfermos, pobres y ancianos. En la pastoral de salud y social, en la pastoral parroquial y juvenil y en la protección de la vida, damos esperanza, con cordialidad abierta, con sinceridad y en comunidad vivida.

Nuestras raíces se encuentran en una comunidad de mujeres que se unieron en 1854 para servirle a Cristo en los enfermos como "hermanas de la caridad cristiana” 
Su legado sigue vivo: lo que hacemos, lo hacemos por amor, con convicción interior, profundo sentido de pertenencia a la iglesia y confianza en Dios quien nos guía.